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Esdrujula. Revista de filología

REPORTAJE

Dublineses, de James Joyce:
un análisis sociocrítico (I)

REBECA LUQUE CUESTA
Licenciada en Historia. Estudiante de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada.
Universidad Complutense de Madrid. Madrid. España.

spotglisten@gmail.com


Hombre funesto de claves nocturnas y cuerpo desnudo junto al río profundo de brillantes escupidas. Hombre de ojos anti-miopes exploradores de infinidad. Hombre de rostro en sombra y cuerpo genio abstracto. Hombre sin miedo de pluma en mano ni de ojos en ser ni sonrisa suprema. Hombre dios llegaste solo de infinitudes asombrofantasmales ornado de lágrimas de superioridad vergonzante. Hombre destructor de tabúes y cielos estrellados. Hombre de los frágiles vestidos que caen dejando hermanos desnudos. Hombre sin alimento para otorgar a los que buscan. Hombre de altos mares de surcos desolados. Hombre-barco blanco. Hombre que arrancaste el vómito para sepultar el mito. Hombre de tiempo y espacio que arrastran cuerdas locuras. Hombre superhombre, frialdad y tibieza en conjunción. Hombre. Dedalus Joyce, Alejandra Pizarnik.

Dublineses y James Joyce

James JoyceEn cada uno de los quince cuentos reunidos bajo el título de Dublineses (Dubliners) su autor, James Joyce, nos muestra un fragmento de la vida de los dublineses, con la ciudad siempre de fondo, llegando a ser una protagonista más del libro. A partir de estas historias y de los personajes que las protagonizan, vemos cómo va quedando reflejada la sociedad de Dublín y también la Irlanda que conoció Joyce.
En estos cuentos, vemos una cierta unidad que no se limita sólo a que transcurran en la ciudad natal del autor, sino que podemos percibir dos hilos conductores más. Por un lado, se sigue un esquema de búsqueda-aventura-regreso del Ulises clásico, que volverá a poner en práctica en Ulises, su obra maestra. Por otro, vemos también el esquema de infancia-adolescencia-vida pública. Los primeros relatos están protagonizados por niños, luego por jóvenes, más tarde por adultos con presencia de ancianos y, finalmente, llegamos al relato que cierra el libro, Los muertos, que autores como Joaquim Mallafré1 han interpretado esto como el “momento de retorno como reconciliación” ateniéndose al primer hilo conductor del libro que he mencionado, puesto que el primer y en el último relato se habla de la muerte resaltando la influencia de los muertos en los vivos.
Además, también podemos percibir en alguno de los cuentos la presencia de guiños que nos remiten a otros cuentos del libro.
Los tres primeros cuentos son los protagonizados por niños, que están contados por ellos mismos, en primera persona. En ellos está muy presente la sensación de incomprensión ante un mundo turbio y decepcionante. Son los siguientes:
El primero de los relatos, Las hermanas (The sisters) un niño nos cuenta la muerte del padreFlynn, del que era amigo. Se le presenta como algo incomprensible y no es capaz de estar triste por la pérdida.
En Un encuentro (An encounter), dos niños hacen novillos una mañana y se van de excursión a la costa. Allí ven a un hombre que se puede interpretar como un pervertido sexual por la visión que da el niño de él.
Arabia (Araby) nos cuenta la desilusión del protagonista por llegar cuando ya están cerrando a una feria de objetos exóticos por culpa de su tío. El niño quería ir para comprarle un regalo a la hermana de un amigo, de la que se había enamorado.
Los cuatro siguientes están protagonizados por jóvenes y en ellos está presente, en mayor o menor medida, el tema del amor. Dichos relatos son los siguientes:
Eveline (Eveline) está a punto de fugarse con su novio, un marinero, a Buenos Aires, pero en el último momento decide quedarse en Dublín. A pesar de que concebía esta escapada como una liberación, al final prefiere la cotidianeidad segura al amor y a la aventura.
Después de la carrera (After the race) trata sobre la tarde y la noche que pasan unos jóvenes de esparcimiento. Van a una carrera de coches después a cenar y acaban jugando a las cartas. El personaje que podríamos considerar el protagonista pierde mucho dinero, pero “aunque sabe que al día siguiente se arrepentirá de ello, no le importa”.
Los Dos galanes (Two gallants) son dos jóvenes que llevan una vida de conquistadores y que viven a expensas del dinero que les sacan a las mujeres. En esta historia vemos cómo uno de los dos personajes ha quedado con una doncella y consigue que le dé una moneda de oro.
En La casa de huéspedes (The boarding hause) la hija de la regente de la casa de huéspedes, mantiene relaciones con uno de los hombres que tiene allí alojado. La madre de la chica lo dispone todo de tal manera que pueda conseguir que ellos dos se casen.
Luego llegamos al mundo adulto, formado por otros cuatro cuentos. Es Una nubecilla (A little cloud) la primera de estas historias. En ella, su protagonista –un escritor frustrado-, queda con un antiguo amigo que ha vuelto a Irlanda. Al ver el éxito de su amigo, tiene la sensación de que su vida ha sido un fracaso a pesar de tener más talento.
En Duplicados (Counterparts) un oficinista hastiado se va de su puesto de trabajo sin haber cumplido con lo que tenía que hacer para ese día y se va a emborrachar con sus amigos. Cuando llega a casa, pega a su hijo para desahogar sus frustraciones.
La protagonista de Polvo y ceniza (Clay) celebra la víspera de Todos los Santos con la familia de un hombre al que ha cuidado y que considera su hijo. La protagonista va a comprar unos pasteles para llevar a la fiesta y un hombre que se encuentra en el tranvía se lo roba. Una vez ya en la casa, en la celebración, le hacen un juego mediante el cual se puede adivinar el futuro.
Un triste caso (A painful case) nos muestra una relación entre un hombre y una mujer que se conocen en un concierto y entablan una amistad íntima. Ella se enamorará de él, quien la rechazará por considerar ridículo establecer una relación. Años después ella, que se había vuelto alcohólica, se suicida y él se arrepiente de haberla rechazado.
Después, vemos una serie de historias en las que se trata el tema de la vida política y pública. Efemérides en el comité (Ivy Day in the Committee room) es el relato en el que la política de la Irlanda del momento está más presente.  En este relato se deja ver lo vacío de la conmemoración de Charles Stewart Parnell, que resulta un fracaso.
En el segundo cuento de esta temática, Una madre (A mother) organiza un recital de piano a su hija para su lucimiento, con la pretensión de que triunfe. Al final, los conciertos organizados son un desastre y la hija no llega a cantar porque no le van a pagar. De esta historia se trasluce el entramado de la vida social.
Así como en Día de la patria en la oficina del partido decíamos que era en el que la política tenía más importancia, A mayor gracia de Dios (The grace) está marcado por la religión. Aquí se ven los trapicheos de un cierto proselitismo católico, ya que este relato trata de cómo los amigos del protagonista, que ha tenido un accidente estando borracho, intentan reconducirle a la senda católica.
Por último, llegamos a Los muertos (The dead), la narración más extensa de Dublineses. Por esto y por su estructura, se ha llegado a considerar una novela corta dentro del propio libro de relatos. En ella un hombre va con su esposa a una fiesta en la casa de sus tías. La fiesta se extiende hasta el amanecer y cuando ellos vuelven al hotel en el que se hospedan, ella le revela que estuvo enamorada de un chico que murió. El marido medita sobre esta revelación y se da cuenta de que los muertos determinan nuestra vida tanto como los vivos.
Parque Saint Stephen’s Green en DublínJoyce empezó a elaborar Dublineses en 1904, estando todavía en Dublín. El escritor irlandés George William Russell leyó Stephen Hero  y se quedó admirado. Fue él quien le propuso que escribiera un relato acorde con el Irish Homestead. Las hermanas fue la primera que escribió y lo llegó a publicar bajo el pseudónimo de Stephen Daedalus. Consiguió un cierto éxito, por lo que llegó a un acuerdo con el editor T. G. Keller que le pagó porque escribiera dos historias más, que fueron Eveline y Después de la carrera. Un año después, ya en Trieste, reescribiría Un triste caso, Casa de huéspedes, Duplicados, Efemérides en el comité, Un encuentro, Una madre, Arabia y A mayor gracia de Dios.
En 1906 trató de que le publicaran su libro de poesías Música de cámara pero dado que en el mercado era menos difícil publicar cuentos, lo intentó con los relatos que tenía de lo que sería Dublineses. Se lo envió a Grant Richards y unos meses después le mandó también Dos galanes. Cuando estaba a punto de enviarle Una nubecilla, le notificaron que tendría que hacer algunos cambios en los relatos, ante lo que Joyce optó por no publicar. Finalmente en 1907 escribiría Los muertos.
Después de algún intento fallido más de que le publicaran la obra, Dublineses se publicó por primera vez en 1914. Richard Ellmann, en su biografía de James Joyce, nos cuenta que en diciembre de 1912 Joyce mandó Dublineses a Martin Secker aconsejado por William Butler Yeats, poeta irlandés con el que tuvo una relación amistosa. El libro fue rechazado y en abril de 1913 Joyce lo envió a Elkin Mathews, quien también se lo rechazó.
James Joyce nació el 2 de febrero de 1882. Fue el primero de diez hermanos y se crió en un barrio de los suburbios de Dublín. Como es usual en todos los escritores, fue un ávido lector desde muy joven. Para él la historia de la literatura, la religión y la política se transmutarían en estímulos literarios. Incluso el erotismo, tema bastante presente en la obra de Joyce, tiene un componente de pasión verbal, no solamente carnal.
Siempre defendió la lengua inglesa frente a la irlandesa. Mostró un cierto rechazo al nacionalismo de Irlanda y consideró que el irlandés era un idioma que había sido readoptado y que se había promovido de manera artificial. No obstante, en sus obre pone en boca de sus personajes en ocasiones ciertas expresiones del irlandés coloquial.
Torre Martello, en el camino entre Malahide y Sutton, escenario del capítulo primero de Ulises. Su primera salida del país natal fue a París, cuando tenía veinte años, estancia que se vio interrumpida por la muerte de su madre. El 16 de junio de 1904 tuvo lugar su primera cita con Nora Barnacle, la que sería su pareja durante toda su vida. Escogería precisamente un 16 de junio para situar la acción de su novela Ulises.
El 8 de octubre de 1904 Joyce iniciaría su autoexilio con Nora. Desde Europa seguiría recreando su ciudad, dejando madurar su obra. Vivirá en ciudades como Zurich, Pola o Trieste y en esta época le acompañarán los problemas económicos. También, en estos primeros años fuera de Irlanda, nacieron sus dos hijos y le publicaron Música de cámara (Chamber music), un libro de poemas.
Antes de que le publicaran Dublineses y Retrato del artista adolescente (A portrait of the artist as a Young man) realizaría en 1909 y en 1914 dos breves visitas a Irlanda, que serían las últimas veces en las que visitase su país.
Ya había empezado a tomar forma la idea de la novela de Ulises cuando en 1923 escribió Finnegans Wake, que finalizaría y publicaría en 1939. Por otro lado, en 1925 y en 1926 se representaría en Nueva York y Londres, respectivamente, su obra teatral Exiliados (Exiles), publicada en 1918. También en 1927 publicaría su libro de poemas Pomes penyeach y en 1929 saldría la traducción francesa de Ulises.
De los últimos años de la vida de este escritor irlandés, podemos señalar su matrimonio en 1931 con Nora, sus relaciones de amistad con Samuel Beckett y T. S. Eliot, y la publicación de Ulises en Nueva York (1934) y en Londres (1936). A consecuencia de la II Guerra Mundial, salió de Francia y se instaló en Zurich. Allí moriría el 13 de enero de 1941, prácticamente ciego, a consecuencia de una úlcera de duodeno.

La sociocrítica

En el capítulo dedicado a los géneros épico-narrativos de Crítica literaria: iniciación al estudio de la literatura2 , podemos leer que la novela moderna representa la pluralidad social de los conflictos en la nueva edad, y que respecto a la epopeya, en la novela prima el debate psicológico íntimo respecto a la aventura externa de la acción.
En este mismo capítulo del manual de Berrio se nos habla del marco en la narrativa.  A partir de 1948, con Wolfgang Kayser (Interpretación y análisis de la obra literaria) la crítica empezaría a interesarse respecto al espacio y al tiempo. Más tarde sería Mijaíl Bajtín quien le concedería al marco una importancia capital, llegando a formular el concepto de “cronotopo”.  Cabría resaltar que en ambos casos se deja claro que la espacialidad de la obra está determinada por la temática de la misma. Por otra parte, nos encontramos en 1982 con Jean Burgos que en su libro Para una poética de lo imaginario, sostiene que la espacialidad está implicada en el texto novelesco y que además tiene consecuencias decisivas en el valor artístico de la obra literaria.
Serán varios los narratólogos franceses que se dediquen también a ahondar en el espacio y en el tiempo, como es el caso de Todorov, Ricoeur, y sobre todo, Genette.
Como vemos, estos intereses en los que uno de los focos de interés es el marco que recrea la historia, ya van enlazando con la sociocrítica, ya que donde mejor vemos reflejada la sociedad dentro de la cual se escribió un libro no queda plasmada solo en la temática, sino también en la ubicación de la obra literaria.
La sociocrítica, en palabras de Francisco Linares Alés3, “intenta profundizar en el conocimiento de la literatura como hecho social a partir de la peculiar y compleja realidad textual de la obra literaria (Según el manual).
En 1971 Claude Duchet publicará un artículo titulado “Littérature, ideologies, societé”, siendo uno de los iniciadores de este método crítico. Sin embargo, será a partir del hispanista Edmond Cros y su círculo del Centro de Investigaciones Sociocríticas de la Universidad “Paul Valéry” de Montpellier con el que se dé más impulso. Cros publicará en 1977 Imprevue, donde se propone una nueva concepción de la crítica sociológica de los textos. Además, cabe señalar que estos investigadores franceses, inspirarán al Sociocriticism, que surge en América en 1985; y también, dentro del continente europeo, en el ámbito cultural germano, Pierre Zima, que será uno de los autores de más peso dentro de la sociocrítica con su obra Manuel de sociocritique (1985).
Zima pretende aplicar la sociología crítica a una sociología del texto literario. Para él, la sociología del texto se interesa por el estudio del plano semántico, sintáctico y narrativo ya que sobre eso se articulan los problemas sociales y los intereses del grupo. Por su parte, Duchet resalta que la sociocrítica atiende al texto ante todo con la intención de restituirle de los formalistas su tenor social. En otras palabras, lo que buscan es orientar la investigación socio-histórica desde lo exterior hacia lo interior. Para Cros, la importancia de los elementos extratextuales, es decir, todo el contexto que rodea a la creación del texto, como es la situación histórica del momento y la del propio escritor, sólo existe en la medida en que recaigan en el texto de una u otra manera.
Basándonos en lo que estos tres autores proponen, podemos decir que la sociocrítica sí que recibe algunas aportaciones de la sociología, pero realiza una crítica sobre dichas aportaciones para poder así formar una disciplina social sobre la literatura que integre los aspectos lingüístico-textuales. Para Zima, la sociocrítica era una sociología no empírica que sigue modelos dialécticos y que tiene muy en cuenta los trabajos de Lukács, Goldmann y Adorno. La preocupación central de la sociocrítica estaría en la búsqueda de cómo el texto literario representa la realidad social.
Zima y Cros en sus teorías abordan una serie de nociones sociológicas fundamentales que son objeto de debate de las propuestas sociocríticas y que tratan de integrar en el estudio de la lengua y de la literatura, aunque no siempre coincidan exactamente.
Para Edmond Cros (Literatura, ideología y sociedad, 1986), aunque el proceso de escritura esté determinado ideológicamente, la escritura literaria se sitúa en un plano autónomo que está desligado de los demás discursos y que responde únicamente a las restricciones del sistema modelizante secundario. Podemos resaltar además dentro de todo lo que en su obra expone Cros, que el individuo, al realizar sus enunciados discursivos, actúa como sujeto ideológico que asume o toma posición respecto a los sentidos ya establecidos. En sus ideas, Cros recibe influencias de Balibar y Macheray.
Cros ve una necesidad teórica de no limitarse exclusivamente a los hechos de enunciación lingüística para considerar la práctica discursiva en cuanto a práctica social. Toda actuación discursiva se efectúa dentro del entramado histórico de la formación discursiva o interdiscurso. Cros considera que en la literatura están presentes discursos que remiten a intereses sociales contradictorios. Estos discursos son alterados por la producción ideológica de sentido que el texto literario realiza partiendo de ellos.
Pierre Zima en su Manuel de sociocritique (1978) nos muestra su sociología del texto literario. Lo que él nos propone es servirse de los conceptos semióticos existentes para desarrollar una socio-semiótica que propone profundizar en la función social de las estructuras semánticas y sintácticas del texto basándose en que las unidades sintácticas y semánticas articulan en el lenguaje valores sociales e intereses colectivos.
Siguiendo a Zima nos encontramos con un repertorio léxico estructurado según las leyes de una pertinencia colectiva particular y después su actualización en la sintaxis narrativa del discurso que se identifica con la ideología. Dentro de las estructuras discursivas, Zima distingue entre las que se limitan a presentar lo real y las que adoptan una actitud crítica o autocrítica sobre los valores y los intereses históricos del discurso.
Cros y Zima coinciden en fundamentar la explicación de la forma literaria en la dimensión sociológica del lenguaje, teniendo en cuenta la estructura social. Ambos también conceden un peso fundamental al papel histórico de la literatura. Sin embargo, sí que vemos diferencias entre los dos autores en lo que respecta a la concepción de la función ideológico-crítica de la actividad literaria: para Cros el texto es una forma ideológica mientras que para Zima en el texto hay aspectos ideológicos junto a otros aspectos conscientemente críticos en donde reside el valor artístico.
El método que proponía  Zima para el análisis del texto propone unas pautas para las que  primeramente hay que situar el texto en una situación sociolingüística particular teniendo en cuenta que unos sociolectos son más importantes que otros para la estructura de una obra literaria. Se debe situar un texto literario con respecto a las formas discursivas contra las que ha reaccionado y es a través de estas formas discursivas cuando se trata de explicar su estructura semántica y narrativa.

Análisis sociocrítico de Dublineses

Cada relato nos muestra la situación de Irlanda de principios del siglo XX centrándose en aspectos distintos y desde una perspectiva diferente según el cuento. El modo en el que voy a realizar el análisis sociocrítico va a seleccionar un fragmento clave de cada cuento y voy a pasar a comentarlo poniéndolo en relación con el conjunto de la historia.

Las hermanas
-No me gustaría nada que un hijo mío- dijo [Mr. Coter]- tuviera mucho que ver con un hombre así.
- ¿Qué es lo que usted quiere decir con eso, Mr. Coter?- preguntó mi tía.
- Lo que quiero decir- dijo el viejo Coter-, es que todo eso es muy malo para los muchachos. Esto es lo que pienso: dejen que los muchachos anden para arriba y para abajo con otros muchachos de su edad y no que resulten…
[…] – ¿Pero por qué cree usted, Mr. Coter, que eso no es bueno para los niños?- preguntó ella.
- Es malo para esas criaturas- dijo el viejo Coter-, porque sus mentes son muy impresionables. Cuando ven estas cosas, sabe usted, le hacen un efecto…

Catedral de Saint Patrick, en Dublín. En este cuento, como es característico en toda la obra Joyce, está presente la religión católica, aunque en los más de los casos se pueda detectar una crítica. Este sería un ejemplo: un amigo de los tíos que cuidan al niño protagonista de Las hermanas pasara tanto tiempo con un cura.
Joyce durante los primeros años de su vida, los que pasó en Irlanda, vivió “asfixiado por el catolicismo”, tan fuerte e incluso invasivo en la sociedad del momento. Además, el propio Joyce vivió el fervor católico de cerca, pues su madre era católica y muy beata y él mismo estudió en un colegio de jesuitas.
De alguna forma vemos cómo el niño que protagoniza el relato puede estar dándole la razón a Coter en que es mejor que “los muchachos anden para arriba y para abajo con otros muchachos de su edad” ya que lo que fundamentalmente experimenta el muchacho con la noticia de la muerte del reverendo James Flynn, como se nos dice en otro momento del cuento, es una vaga sensación de alivio, liberación. Él tal vez no estaría dentro de la categoría de “muchachos impresionables” de la que habla Coter, ya que no siente una gran conmoción por su muerte, sino que más bien es indiferencia el sentimiento que experimenta.
Aquí podemos ver en cierto modo una invitación a replantearse que la educación infantil del momento, sobre todo la más selecta, estuviera en manos de eclesiásticos. El propio Joyce conoció este ámbito estudiando en tres colegios religiosos -Clongowes Wood College, Christian Brothers y Belvedere College-, pero, según nos cuenta Ellman, a partir de los dieciséis años, comenzó a renegar de este catolicismo, a raíz del descubrimiento de Ibsen y de sus primeras relaciones con mujeres.

Un encuentro
Entonces nos preguntó que quién de los dos tenía más novias. Mahony dijo a la ligera que tenía tres chiquitas. El hombre me preguntó cuántas tenía yo. Le respondí que ninguna. No quiso creerme y me dijo que estaba seguro que debía de tener por lo menos una. […] El hombre sonrió como antes y dijo que cuando él era de nuestra edad tenía novias a montones.
[…] Su actitud sobre este particular me pareció extrañamente liberal para una persona mayor. Para mí que lo que decía de los muchachos y de las novias era razonable. Pero me disgustó oírlo de sus labios.
[…] Después de un largo rato hizo una pausa en su monólogo. Se puso en pie lentamente, diciendo que tenía que dejarnos por uno o dos minutos más o menos, y, sin cambiar yo la dirección de mi mirada, lo vi alejarse lentamente. […] Después de unos minutos de silencio oí a Mahony exclamar:
-¡Mira para eso! ¡Mira lo que está haciendo ahora!
Como ni miré ni levanté la vista, Mahony exclamó de nuevo:
- ¡Pero mira para eso!... ¡Qué viejo tan estrambótico!
El fragmento seleccionado nos habla del noviazgo, aunque por parte de los niños sea entendido como algo bastante ingenuo, hasta el punto de que uno tiene tres novias. Este tema se tratará más adelante desde una perspectiva más madura, pero aquí, en lo que piensa el niño que narra la historia, que considera la postura del hombre como “extrañamente liberal para alguien de su edad”, ya nos está apuntando cómo se concebía el tema de las relaciones de pareja entre jóvenes, y en el fondo, de la sexualidad.
Antes decíamos quela religión era un tema muy recurrente en Joyce. Aquí vuelve aparecer también el tema de la educación religiosa, que controlan las lecturas de los niños, cosa que es más que probable que molestara a James Joyce especialmente. Además, también vemos otra mención a lo que es el mundo de la religión católica cuando se nos dice que el personaje de Joe Dillon, uno de los niños amigo del protagonista, quiere hacerse cura.
Además de la religión, el tema de la sexualidad también es muy recurrente en la obra de Joyce. Richard Brown en su libro James Joyce and Sexuality nos dice que “the treatment of sexuality was of the ut most importance to Joyce’s creativity and at the heart of what his fiction might be trying to investigate”.
Aunque no se dice, la interpretación más común y más aceptada de lo que el hombre que ha entablado conversación con los niños hace cuando se aparta de ellos es masturbarse. Por lo tanto, el protagonista que ha construido Joyce en este cuento es el de un viejo pervertido, pederasta. Joyce solía mostrarse crítico ante la represión sexual que había en Irlanda, causada obviamente sobre todo por la Iglesia católica. Sin embargo, aquí, tal vez lo que buscara hacer Joyce fuese más una crítica, o cuanto menos poner de manifiesto, la doble moral de la sociedad de la época, con su consiguiente perversión.

Malahide

Arabia
- Ya todo el mundo está en la cama y en su segundo sueño- me dijo.
Ni me sonreía. Mi tía le dijo, enérgica:
-¿No puedes acabar de darle el dinero y dejarlo que se vaya? Bastante que lo hiciste esperar.
Mi tío dijo que sentía mucho haberse olvidado. Dijo que él creía en ese viejo dicho: “mucho estudio y poco juego hacen a Juan un majadero”.
En Arabia seven menciones a algunos de los temas que ya hemos referido- el ámbito de lo eclesiástico al referirse a la muerte de un cura-, el del noviazgo ingenuo de los niños también queda referirse al enamorarse el chico protagonista de la hermana de su vecino, y en menor medida también se dan unas pinceladas sobre la educación. Además, salen otros temas de los que ya hablaremos más adelante, como el alcoholismo.
De todos los temas que toca este cuento, quiero centrarme en la familia. Tanto en el primer cuento de Dublineses como en este el chico protagonista no vive con sus padres, sino con sus tíos. En una sociedad anclada en las costumbres ancestrales y, como ya he dicho varias veces, tan influida por la Iglesia Católica, sería habitual que los hijos vivieran con los padres y con varios hermanos, pues, por poner un ejemplo que guarde plena relación con el trabajo que estoy llevando a cabo, el propio James Joyce tuvo nueve hermanos. Por tanto, llama la atención no tanto el hecho de la ausencia de los padres, que sería más fácilmente explicable, como que en los tres primeros cuentos de Dublineses los protagonistas no parezcan tener hermanos.
Centrándonos en Arabia, podemos añadir a este respecto que, del amigo del protagonista y de la hermana, tampoco se hace ninguna alusión a la presencia de unos adultos que cuiden de ellos. De hecho, vemos cómo es la propia chica quien se encarga de llamar a su hermano para que vaya a tomar el té. Esto podríamos interpretarlo tanto como que el niño vive a cargo de su hermana, o como un reflejo de las responsabilidades que tendría una hermana mayor, fundamentalmente por ser de sexo femenino, de cumplir las labores de una segunda madre en muchos aspectos.
Por último, aunque no aparezca tratado en el párrafo que he seleccionado, no puedo dejar de decir respecto a este cuento que, de los tres relativos a la niñez, es en el que se ve más claro algo que en Las hermanas y Un encuentro ya se empezaba a intuir: el desencanto que sienten los niños cuando empiezan a tomar contacto con el mundo adulto.

Eveline
Se puso de pie bajo un súbito impulso aterrado. ¡Escapar! ¡Tenía que escapar! Frank sería su salvación. Le daría su vida, tal vez su amor. Pero ella ansiaba vivir. ¿Por qué ser desgraciada? Tenía derecho a la felicidad. Frank la levantaría en vilo, la cargaría en sus brazos. Sería su salvación.
En Eveline, el primero de los relatos del libro protagonizados por jóvenes, vemos cómo se tocan ya varios temas todos en relación con la mujer.
En primer lugar, podemos seguir ahondando en algo que ya anticipamos en el comentario del relato anterior, que es el papel que tenía que desempeñar la mujer. Joyce a lo largo de Dublineses hace una clara diferenciación entre las conductas que se veían propias del hombre y de la mujer en el Dublín de la época. Así como el hombre, como veremos en los cuentos sucesivos y ya hemos empezado a atisbar en los precedentes, está más vinculado a la vida fuera de casa, especialmente al entretenimiento en los bares; la mujer por su parte tendría como su espacio predominante la casa, con las consiguientes responsabilidades y tareas que eso implica.
La protagonista de este cuento planea escapar con su novio, cosa que la sociedad dublinesa del momento consideraría un escándalo y una vergüenza. Eveline se replantea su vida, piensa en las nulas posibilidades de ser feliz que Irlanda le ofrece, y quiere escapar. Sin embargo, al final, tal vez por no poderse librar del puritanismo católico del que la sociedad está impregnado hasta los tuétanos, en el último momento se echa atrás y deja a su novio partir sin ella rumbo a Buenos Aires. De esta manera, ella termina por aceptar o, cuanto menos, resignarse, a una vida sufrida, tal y como promovía el catolicismo, pasando a asumir también el papel que se les atribuía a las mujeres de ser ejemplo de beatitud y de severidad católica.
Podemos hacer también a raíz de este cuento una pequeña mención sobre la emigración en Irlanda de principios de siglo. Desde la Gran Hambruna Irlandesa, que se empezó a sufrir a desde 1945 a consecuencia de una serie de malas cosechas, comenzaron a generalizarse las migraciones de irlandeses, fundamentalmente teniendo América como destino. Estas migraciones fueron notables hasta 1929, que se redujeron considerablemente a consecuencia de la Gran Depresión.
Por otro lado, podemos relacionar también el hecho de dejar Irlanda no entendiéndolo solamente como una migración, sino también, vinculando la historia de Eveline con la vida de su autor, con un autoexilio a consecuencia del desencanto con el país natal y la falta de esperanzas y oportunidades que ofrece.

El río Liffey en las proximidades a DúnLaoghaire, el puerto de Dublín

Después de la carrera
Jimmy se dio cuenta de que el juego estaba entre Routh y Ségouin. ¡Qué excitante! Jimmy también estaba excitado; claro que él perdió. ¿Cuántos pagarés había firmado? Los hombres se pusieron en pie para jugar los últimos quites, hablando y gesticulando. Ganó Routh. El camarote tembló con los vivas de los jóvenes y se recogieron las cartas. Luego empezaron a colectar lo ganado. Farley y Jimmy eran buenos perdedores.
Sabía que lo lamentaría a la mañana siguiente, pero por el momento se alegró del receso, alegre con ese oscuro estupor que echaba un manto sobre sus locuras.
Patio interior del Trinity College. Este relato nos ofrece una imagen de la nueva clase adinerada que empezaba a formarse en Irlanda. Aquí ya se empieza ver también otra de las ideas que se repetirán en otros cuentos de la vida social en relación a la consumición de bebidas alcohólicas protagonizada en este caso por la fiesta que se corre Jimmy, un chico irlandés, con otro chico francés, otro canadiense y otro húngaro, el más pobre de los cuatro.
La economía de Irlanda no ha experimentado grandes cambios hasta finales del s. XX. Irlanda era un país pobre, con una economía pequeña, moderna y dependiente del comercio. También podemos decir que la agricultura era un sector primordial en aquella época, pero ya empezaban a cobrar importancia los otros dos sectores, especialmente la industria.
En este relato vemos los delirios de grandeza, en parte heredados de su padre, de un joven de clase media-alta, que vive una noche de fiesta por encima de sus posibilidades económicas, movido por el deseo de aparentar,abrumado por el tren de vida que llevan sus amigos franceses y en cuya conducta se puede detectar además una cierta compasión hacia su amigo húngaro por su pobreza.

Dos galanes
En noviembre cumpliría los treinta y un años. ¿No iba a conseguir nunca un buen trabajo? ¿No tendría jamás casa propia? Pensó lo agradable que sería tener un buen fuego al que arrimarse y sentarse a una buena mesa. Ya había caminado bastante por esas calles con amigos y con amigas. Sabía bien lo que valían todos esos amigos. También conocía bastante a las mujeres. La experiencia lo había amargado contra todo y contra todos. Pero no lo había abandonado la esperanza. Se sintió mejor después de comer, menos aburrido de la vida, menos vencido espiritualmente. Quizá todavía podría acomodarse en un rincón y vivir feliz, con tal de que encontrara una muchacha buena y simple que tuviera lo suyo.
En este cuento se nos presenta a dos jóvenes sin vida estable. Uno, Corley, vive orgulloso de que su ocupación sea aprovecharse de las mujeres que conquista, y el otro, Lenehan, está frustrado por no haber tenido nunca ni trabajo ni relación estable. Representarían estos dos personajes, por tanto, el tema de lo rufianesco, y el de la falta de oportunidades que ofrece Irlanda, respectivamente. Sin embargo, aparece un tercer personaje del que podemos sacar también dos asuntos más a comentar, que resultarían más interesantes: estos serían el de la servidumbre y el de la prostitución en Irlanda.
Centrémonos primero en la descripción de la chica a la que Corley conquista para sacarle el dinero. En primer lugar podemos decir que esta chica se había dedicado a la servidumbre. En Irlanda, como característica también común al resto de Europa, lo más común es que las criadas no fueran de otras razas o nacionalidades, sino que fueran del propio país. Por lo tanto, lo que hace James Joyce para vulgarizar su imagen y equipararla a la fealdad del propio Corley, es describirla como una mujer de apariencia robusta, tosca y vulgar.
Respecto a la prostitución, trabajo que desempeña esta chica cuando Corley la conoce, podemos decir, primeramente, que así como otros temas que ya hemos ido nombrando, el de la prostitución también es recurrente en Joyce, como vemos en sus otras obras Retrato de un artista adolescente y Ulises. Poniendo el tema en relación con la historia de Irlanda, podemos hablar de la institución del Asilo de las Magdalenas, formada en el s. XIX en Irlanda, donde estuvo controlada por la Iglesia Católica, y Reino Unido. Se encargaban de acoger a mujeres que se habían dedicado a la prostitución y les daban un trabajo, siendo el de lavanderas el más frecuente.  Sin embargo, ya desde los primeros años del siglo XX empezó a transformarse en centro penitenciario al que iban a parar las mujeres que practicaban esta actividad. El número de prostitutas en la Irlanda de Joyce, colectivo con el que él mismo se relacionó, era considerable. Si en otros países de Europa más prósperos era la única solución de muchas mujeres para conseguir dinero, esta situación en Irlanda se agravaba por ser un país más pobre.

La casa de huéspedes
[…] era una madre ultrajada. Le había permitido a él vivir bajo su mismo techo, dando por sentada su hombría de bien, y él había abusado así como así de su hospitalidad. Tenía treinta y cuatro o treinta y cinco años de edad, de manera que no se podía poner su juventud como excusa; tampoco su ignorancia podía ser una excusa, ya que se trataba de un hombre que había corrido mundo. Simplemente se había aprovechado de la juventud y de la inexperiencia de Polly: aquello era evidente. El asunto era: ¿cuáles serían las reparaciones a hacer?
En tales caso había que repara el honor primero. Estaba muy bien para el hombre: se podía salir con la suya como si no hubiera pasado nada, después de disfrutar y de darse gusto, pero la mujer tenía que cargar con el bulto. Algunas madres se sentirían satisfechas de zurcir un parche con dinero: conocía casos así. Pero ella no haría nunca semejante cosa. Para ella una sola reparación podía compensar la pérdida del honor de su hija: el matrimonio.
Estatua de Molly Malone frente al Trinity College En esta historia vemos sobre todo ambición, ambición de una madre por conseguir un buen marido, entendiendo realmente “buen marido” como “marido rentable”. Para ello se sirve de los convencionalismos propios y de las prácticas habituales en la sociedad dublinesas de principios del siglo pasado. A ella no sólo que no le preocupa tanto la “deshonra” sobre su hija a consecuencia de las relaciones extramaritales que ha mantenido con uno de los huéspedes, sino que lo ve como una oportunidad maravillosa para conseguir un fin que le interesa. Es por ello por lo que propicia el encuentro entre los dos jóvenes, por lo que, enlazando con el comentario de Dos galanes, también veríamos en este cuento la presencia de otra forma de prostitución.
Como en toda sociedad tremendamente católica, las relaciones extramaritales nos estaban bien vistas, ni tampoco, por supuesto, permitidas. Eso lo sabe bien la protagonista de este cuento, la señora Mooney, cuyo nombre no podemos tomar por arbitrario. Cuando se daban este tipo situaciones en la Europa de la época, en las que un joven se acostaba con una chica soltera, en bastantes ocasiones violándola, la moral de la sociedad les obligaba a casarse con ellas, aunque, como se nos dice en el propio cuento, también se podía solventar dando una indemnización económica. Sin embargo, a la madre de Polly esto no le parece suficiente, considera que su hija, a la que tiene dominada, y ella obtendrán mayores beneficios con un enlace matrimonial.
Donde Joyce quiere poner el punto de atención en este relato no es en los meros hechos que realizan los tres personajes principales, sino en la moralidad de estos. También es una crítica a un tipo de personas hacia el que Joyce manifestó su desagrado, el de las mujeres “mandonas” que hacen cualquier cosa para perseguir sus fines, arquetipo que se vuelve a desarrollar en el cuento de Una madre, que veremos más adelante.


Notas

1. “James Joyce”, capítulo 86 de Lecciones de literatura universal; Llovet, Jordi (Ed.). Cátedra, 2003.

2. García Berrio, Antonio y Hernández Fernández, Teresa. Cátedra, Madrid, 2006.

3. Sánchez Trigueros, Antonio (Dir.), Sociología de la literatura. Síntesis, Madrid, 1996.



Bibliografía
Ediciones utilizadas de Dublineses/Dubliners (James Joyce):
Alianza, Madrid, 1985.
Cátedra, Madrid, 1993.
PenguinBooks, Londres, 1992.
Bibliografía consultada

BLOOM, Harold; El canon occidental. Compactos Anagrama, Barcelona, 2005.
BOURDIEU, Pierre; Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Anagrama, colección argumentos, Barcelona, 2002.
EFE, “James Joyce se sentía <<asfixiado por el catolicismo>> irlandés”. ABC, Londres 30/05/2011.
ELLMANN, RICHARD James Joyce, Oxford university Press. The first revision of the 1959 classic, 1983.
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LLOVET, Jordi (Ed.);Lecciones de literatura universal. Cátedra, Madrid, 2003.
MÉNDEZ ESCRIBANO, Ana Isabel; Identidad, lenguaje y pensamiento en la litertura del siglo XX. Editorial pliegos, Madrid, 2009.
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SÁNCHEZ TRIGUERO, Antonio (Dir.), Sociología de la literatura. Síntesis, Madrid, 1996.

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